Operativo Fiat 500X por el sur argentino

27/06/2018 15:16
Motorpress Autos

Por Guido Tonelli - Fotos: Miguel Tillous 

Despejando X

Tenemos un país enorme. Y es sumamente diverso en todo sentido. La Patagonia forma parte, geopolíticamente hablando, del hemisferio sur de nuestro país y eso, por estas épocas, implica que está en pleno esplendor, que se brinda para todo aquel que la visite.

Incluso dentro de la región, la diversidad es amplia: aridez y nieve, altura y pampa, clima templado e invernal y ríos y glaciares.

En parte por eso fue una de las zonas más visitadas de nuestro país en 2017, ya que es única hasta para el continente sudamericano. Y todo eso, por lo menos en nuestro caso, a una distancia prudencial pero asequible. La suma de todos esos factores hizo, a lo largo de la historia de auto test, que la recorramos infinidad de veces como parte de operativos y obviamente en ocasión de algún lanzamiento.

En esta oportunidad, la premisa fue tomar el Fiat 500X y cubrir buena parte de nuestro Sur: la variante afajinada del simpático benjamín aúna una serie de cualidades que lo hacen un vehículo idóneo para la empresa que estábamos trazando. 

Pero no solo eso; a lo largo del periplo también pusimos a prueba algunas de las asistencias electrónicas de las que dispone el “equis”, tanto desde la seguridad como del confort y la practicidad. Todo empaquetado en una de las siluetas más simpáticas del segmento. Pero, insistimos, el 500X no es solo una cara bonita. Pasen y vean.

 Por ahí he de andar

Como es costumbre, la travesía arrancó en Palermo, punto de encuentro con Miguel “Enano” Tillous, nuestro fotógrafo y un verdadero Nicky Grist a la hora de la navegación.

Los 350 litros de baúl fueron suficientes para mi equipaje y el de Tillous, que no baja de los dos bolsos amén de todo su equipo. Aunque recién comenzaba el viaje y el 500 estaba reluciente, una de las cosas que nos sorprendió al concluir la prueba fue la estanqueidad del sector. Ya acomodados, encaramos el Acceso Norte.

Encontrar una buena posición de manejo no es difícil. Además de las clásicas regulaciones, la butaca cuenta con regulación eléctrica lumbar, un elemento que puede ser determinante para el confort.

Tras las negociaciones de rigor para determinar la temperatura del climatizador, nos encaminamos al Acceso Norte. La salida fue complicada por un corte –literal– en pleno Camino del Buen Ayre que nos retrasó más de la cuenta, ya que hubo que desviarse y tomar la 6 para finalmente conectar con la 5. Con la noche asomando por el techo panorámico hacía rato, era hora de descansar para el gran tirón hasta abajo.

El sábado fue duro. No solo por un tal Finnbogason que nos privó de los tres puntos, sino también por lo largo del viaje. La Ruta del Desierto es una trampa que puede ser mortal si no se para a descansar cada vez que se lo considere necesario: son más de 200 kilómetros casi en línea recta entre Chacharramendi y 25 de Mayo que pueden cansar mental y físicamente a cualquiera.

Para colmo de males, el “Enano” no toma ni arma mates, solo ceba. La infusión, a solas.

Tras varias horas en el camino habiendo pasado la 22 y toda la zona de Cutral Có, llegando a Zapala nos recibió la nieve y alguno de los cielos atardecidos que ilustran esta nota: el viaje ya había pagado.

Dinámicamente hasta esa etapa el Fiat toleró casi todos caminos en buen estado, con un compromiso dinámico muy equilibrado que permite tomar curvas sin despeinarse. Además cuenta con el sistema de alerta de cambio de carril, que vigila y alerta cuando involuntariamente oscilamos hacia el contiguo.

En Neuquén fue donde más provecho le sacamos al control de velocidad de crucero adaptativo, que siempre midió y tomó una distancia prudente sobre el vehículo que nos antecedía.

Otro de los sistemas que se volvieron casi esenciales a la hora de circular en ciudad y ruta es el detector de ángulo ciego, que advierte la presencia de algún vehículo en la zona “muerta” de visión. Todo este combo, naturalmente, contribuye a la seguridad del viaje.

A partir de Zapala, lo más divertido: la 40 discurre por el sistema montañoso andino, lo cual entrega un trazo serpenteante de curvas y contracurvas, aunque la oscuridad de la noche, si bien le daba un marco espeluznante, nos privó de mejores panoramas.

Ahí echamos mano por primera vez del Drive Mood Selector, un comando que permite modificar la gestión electrónica del vehículo de acuerdo con el terreno por el que circulemos. Puede ser Auto (máximo rendimiento en términos de confort, consumo y emisiones de CO2), All Weather (máxima seguridad, incluso en condiciones de baja adherencia) o Sport, que seleccionamos para tener un mejor desempeño dinámico ya que prioriza las prestaciones deportivas.

Nosotros elegimos Sport para tener el mejor desempeño en curva posible y siempre un cambio alto para que la entrega sea inmediata. Bajo estas circunstancias agradecimos la función Cornering con la que, por suerte, cuentan varios modelos hoy en día. Básicamente los faros antiniebla están sincronizados con el volante para que, cuando lo giremos, ese antiniebla alumbre la curva.

Tras algunas horas más, finalmente llegamos a San Martín de los Andes.

El 500X está impulsado por un 1.4 turbo que entrega 170 CV asociado a una caja automática de 9 marchas que ya hemos manejado en otros productos del consorcio. Por un lado, el motor brinda buenas cifras de aceleración que son útiles a la hora de los sobrepasos, donde echamos mano de las levas al volante para tener un mayor control del pasaje de marchas.

En materia de prestaciones, alcanza el cero a cien en 10,2 segundos y recupera de 80 a 120 en 8,1, haciendo gala de una buena elasticidad. Los consumos de esta variante automática no son los mejores, pero tampoco estrafalarios. Hablamos de promedios de 8 y 9,5 en ruta (a 100 y a 130 km/h respectivamente), aunque sí notamos que el tanque de 48 litros para viajes largos como el que realizamos se quedaba algo justo.

 “Taikatalvi”

Ese es el nombre de la canción que abre el disco Imaginaerum, de la banda finlandesa Nightwish. Como buenos escandinavos, acostumbrados al frío, el título significa “la magia del invierno” y es una de los pocos temas que escribieron en su idioma.

Con el 500X pusimos proa a la Ruta 40 para seguir subiendo y perdernos entre caminos nevados y rodeados de árboles, para vivir bien de cerca el taikatalvi.

Uno de los ases que teníamos bajo la manga eran los neumáticos. Usualmente los crossover apelan, en el mejor de los casos, a neumáticos de uso mixto pensados para tener un mejor grip sobre la tierra, aunque últimamente la tendencia fue disminuyendo con el tiempo y la mayoría usa los tradicionales urbanos.

El 500 apela a unos Continental de invierno, con lo cual la tracción que ejercen fue mucho más eficiente dada la condición de los caminos por los que transitamos. Ah, y un detalle: la quinta rueda, idéntica a las cuatro titulares. Bravo.

Uno de los tantos caminos por los que nos desplazamos fue la Ruta 63, un trecho que bordea el lago Meliquina y la villa homónima y comienza una trepada progresiva hasta Confluencia con muy bonitas vistas y caminos que se van complicando a medida que se trepa. Tan es así que llegamos hasta donde la huella lo permitió, a la altura del Mirador del Paso Córdoba.

Hasta ese obstáculo pudimos comprobar las bondades de la tracción All Weather del 500 ya que permite su conexión –y desconexión– on the fly, con lo cual podíamos jugar con ir en 4x2 y, si el camino lo exigía, conectábamos el modo Traction para asegurarnos una mejor travesía. Su funcionamiento permite reducir las pérdidas de energía debido al arrastre cuando no es necesario el modo 4x4.

Un gran porcentaje de lo recorrido lo hicimos en un admirable silencio radial por varias razones. En primer lugar, las antenas no llegaban a buena parte de los lugares por donde anduvimos, a excepción de Radio Nacional –esporádicas veces– y alguna que otra repetidora perdida. Lógicamente una falencia de la infraestructura de nuestro país que un problema de recepción del Fiat.

Aun así, con cobertura, varias veces elegimos silenciar el Uconnect para abrir la ventanilla y dejar entrar el ruido de la naturaleza más pura y cruda, aunque eso implicara abrigarnos para soportar las bajas temperaturas que también se colaban sin pedir permiso al habitáculo. Nada más lindo que pararse y escuchar el discurrir de un deshielo en algún cercano.

Y hablando de sonidos, justamente el Uconnect es uno de nuestros sistemas preferidos. De los modernos, es uno de los que mejor interfaz y respuesta al tacto tiene. En el 500X (y en otros modelos de la marca) carece de mapas nativos, aunque la posibilidad de conectar el celular a través de Android Auto o Car Play nos permite disponer de ellos con la actualización de tránsito al instante pero, al mismo tiempo, con el consiguiente consumo de datos que eso implica. La elección recae en cada uno, pero a esta altura los mapas precargados sin el tránsito actualizado comienzan a quedarse muy por detrás.

Por otro lado, estas conexiones también permiten disponer de toda nuestra música, aunque gran parte del viaje la red nos abandonó y sonó solo lo descargado en el celular de quien suscribe: Nemesis de Stratovarius y Tour 2007 de Héroes de Silencio, el agua y el aceite. El “Enano”, hombre de folclore, resistió estoico sin emitir ni una queja: chapeau.

 Crossover X

Naturalmente también hubo lugar para manejo urbano. Pese a su origen italiano, el 500X no se olvida de que entra en un segmento muy buscado por quien maneja casi todo (si no todo) el tiempo en ciudad.

La suspensión trasera, independiente, permite copiar bien las irregularidades que pueda presentar un asfalto en mal estado, máxime teniendo en cuenta que el deshielo y la humedad provocan algunos cráteres y grietas en los caminos del Sur.

Otro de los ítems que valoramos mucho, especialmente a la noche, cuando hubo que ir al centro o al pueblo a cenar, fue el sensor de estacionamiento trasero con cámara, que hacía la tarea de estacionamiento mucho más expeditiva. Aun así, extrañamos el delantero.

En términos de diseño, el 500X es, primero, un 500. Y eso es un plus. A lo largo de los (muchísimos) kilómetros que lo tuvimos recabó comentarios, miradas y hasta fotos. De acuerdo con los diseñadores, se buscó seguir las características –e históricas– líneas de la familia 500.

Exteriormente nos referimos a varios detalles como el nervio de 360º, que recorre toda la carrocería, las ópticas delanteras doblemente distribuidas, trompa trapezoidal, capó con el nervio característico, trompa “sonriente” y atrás en detalles como los “pushed forward dynamics” (como la luneta en ángulo), ópticas verticales y luneta característica. Adentro se destacan la plancha con los detalles coloridos (en nuestro caso gris mate) y el generoso tablero, de buena lectura.

 Antes del final

Nieve, lluvia, ciudad, ruta. Así y todo, hubo tiempo para dos últimas exigencias. Una de las jornadas pusimos proa a Las Coloradas para comprobar el desempeño en caminos de gravilla y piedra en un camino secundario.

Cruzamos barro, polvillo, tranqueras y puentes en dudoso estado, todo sin despeinarnos (salvo por unas pequeñas piedras que se metieron en el sistema de frenos) y solo conectamos el modo Traction en un sector donde el sol no había secado aún el barro. De allí aprovechamos el envión y decidimos probar al Multiair en algo de altura y también, por qué no, para capturar algunas de las panorámicas que visten esta nota. El destino final fue el mirador de la Bajada del Rahue, Aluminé, un punto a algo más de 1.500 metros de altura con cascadas de deshielo y, sobre todo, una gruesa vista a todo el sistema preandino, incluyendo el Lanín que, impertérrito, fiscaliza todo lo que sucede por sus dominios.

Fueron días intensos de evaluación, sobre caminos en todo tipo de estado y escenarios maravillosos y a la vez desafiantes. Por suerte, elegimos un auto más que idóneo como compañía.

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