Prueba: Ford Fiesta SE Plus (Parte I)

14/05/2018 15:15
Motorpress Autos

Desde hace algunos años, Ford aprovecha su fiesta de fin de año para presentar o anticipar alguna de las novedades que tendrá en lo sucesivo. En diciembre de 2017 el elegido fue, paradójicamente, el Fiesta, uno de sus caballitos de batalla que, aunque no parezca, ya carga con 8 años en el lomo.

Esto no quiere decir que es un modelo que se mantuvo estanco. Nada de eso: siempre se caracterizó por hacer honor a su nombre y mantenerse activo, jovial y contemporáneo. Se presentó en 2010, cuatro años más tarde adoptó la nueva identidad de marca, y a 8 años de su arribo le llegó su segundo ¿y último? restyling.

Manejamos durante abril la variante SE Plus, ubicada un escalón por debajo de la full Titanium, con transmisión automática Powershift de seis velocidades.

FASCIA
Como indica la lógica, la gran modificación se ve una vez más en el frente, donde adopta pequeños rasgos que lo asemejan al europeo, que sí saltó de generación: allá ya van por la séptima.

Hay dos maneras bien puntuales de identificar las nuevas unidades: dos apliques grises en la zona baja que sobresalen bastante y cuyo juicio lo dejamos a su criterio; en nuestra unidad se perdían con el color de la carrocería. La otra es el trueque de listones en la parrilla por un estilo Mercedes-Benz Clase A, repleta de pequeñas “pecas” grises que le imprimen cierta simpatía. Después, además de las llantas (de 16” en esta variante), se mantiene casi todo en su lugar.

Eso significa que buena parte de los conceptos de los que hemos escrito largo y tendido respecto del B premium de Ford: adentro los materiales perdieron algo de la calidad mostrada en los modelos mexicanos, pero se notan un gran esmero y una muy correcta presentación.

Uno de los puntos altos del habitáculo es el sistema SYNC 3, que en esta SE Plus está representado por una pantalla de 6,5” con múltiples conexiones, incluyendo Android Auto y Car Play; además de permitirnos “manipular” el teléfono celular, nos habilitará mapas y navegación, ya que no trae GPS integrado.

Quien comande el Fiesta lo hará desde una butaca de sujeción correcta y en un puesto de mando completamente maleable, ya que ambos actores (volante y asiento) cuentan con múltiples regulaciones. No me gustaron los comandos de la climatización: son poco intuitivos y el display no permite una buena lectura. El consuelo es que, cuando lo manipulamos, la información también aparece en la pantalla.

Entre las cosas que se mantuvieron obviamente están las referidas a su arquitectura. Con 2,48 metros entre ejes, uno de sus talones de Aquiles fue la habitabilidad, que no se modificó.

Las plazas traseras cuentan con tres cinturones inerciales y tres apoyacabezas (los extremos tipo coma), aunque el espacio de piernas es muy justo y el que viaje en la plaza central no tendrá la misma comodidad que los que lo hagan en los extremos, por la composición del asiento y por el falso túnel de transmisión que robará lugar para las piernas.

Dentro de esa estructura inalterada también está la destinada al alojamiento de los bultos. El baúl mantiene sus cotas y esa no es la mejor de las noticias, ya que los 281 litros dejan gusto a poco, sobre todo nominalmente, ya que el segmento ronda, en promedio, los 300 litros para arriba...

(continúa en Parte II)

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