Aquellos que hacen del manejo un pasatiempo, un momento de control en el que la mente se enfoca en prever adelantamientos, curvas, cruces (y radares…) dando orden a nuestras manos y pies para iniciar la maniobra a seguir, entenderán que manejar miles y miles de kilómetros detrás del volante es un momento único, donde hombre y máquina se fusionan para ser uno solo. Un momento en el que disfrutar es lo único que ésta permitido.

Quienes han tenido la suerte de recorrerlo a lo largo y a lo ancho, sabrán de los cientos de paisajes sublimes que se esconden en el territorio argentino. Algunos de ellos se sitúan en la región de Cuyo, entre las zonas áridas que comprenden las provincias de La rioja, San Juan, Mendoza y San Luis.

A la hora de elegir el vehículo, debía tener tracción a las cuatro ruedas. Y ya siendo pretenciosos, no valía que fuese un modelo tope de gama. De las seis pick ups que tuvimos en cuenta nos sedujo la versión Trendline automática de la Amarok. La única “chata” que además de beneficiarse con este tipo de transmisión cuenta con equipamiento intermedio, siendo una opción más accesible al tope de gama que le lleva una diferencia de 67.000 pesos según los precios vigentes del mes de marzo.

En ruta

La lista de los lugares a visitar era extensa. Partimos por la Ruta 7 hacia el primer “prime”. Nada menos que la localidad de Potrero de los Funes, a unos 16 km de la capital provinciana y que cuenta con el ancho y sinuoso circuito internacional. Decidimos salir bien temprano, todavía era de noche, para llegar al mediodía y disfrutar de un “chivito a las brasas” a orillas de uno de los embalses más antiguos de Sudamérica. Dejamos la ciudad atrás y las zonas agrarias comenzaron ser nuestro horizonte, acompañadas de una intensa neblina que nos escoltó durante varios kilómetros. En este tramo, atentos a todo lo que estaba frente y detrás nuestro, la iluminación de la Amarok cumplió con su cometido, aunque extrañamos la regulación en altura que sí ofrece la Ford Ranger. Luego de la parada obligada en la localidad cordobesa de Labulaye a media mañana, dejamos atrás más de la mitad del camino, y agradecimos a febo su llegada, que disipó en su totalidad los bancos de niebla. Este fue el tramo que más disfrutamos del viaje, con el motor girando a unas 2.000 rpm en octava marcha y el velocímetro que promediaba 120 km/h. Los camiones comenzaron a ser parte de los obstáculos a sortear, pero gracias a la rapidez de la transmisión, la sensibilidad del acelerador y la respuesta del motor, los adelantamientos fueron tarea fácil para el conjunto mecánico.

De ripio y off road

Luego de recorrer 790 kilómetros, llegamos al primer destino. Los puntos más altos de las sierras no se dejaban ver por los negros nubarrones que cubrían todo el embalse. Esta era la tormenta que comenzaría minutos después y no pararía durante casi 48 hs. La muchedumbre que compartía la posada nos echaba la culpa del mal tiempo. Sí, todo indicaba que la mufa había llegado desde Buenos Aires… Así las cosas, no dudamos en salir a recorrer la zona. A unos 960 metros de altura al nivel del mar, para llegar al Circuito y poder dirigirnos a donde nos placiera, teníamos que sortear unos 400 metros en bajada de puro barro. Selector en “D”, tracción 4Motion permanente, y a rodar. La lluvia no paraba y no tuvimos otra opción más que ir al centro de la capital. A la vuelta, con el cese de la lluvia, nos dirigimos hacia los distintos complejos y casas que rodean el lago (imposible decirle que no a la copiloto…), todas con accesos sin asfaltar. Trepadas, charcos de amplio tamaño y cuestas de similares características hicieron “trabajar” al sistema de tracción. Una vez más, y pese a no tener reductora, la Amarok trepó y atravesó todo lo que el conductor le ponía a su paso. Incluso, hasta badenes de unos 40 cm de altura que comenzaban a invadir los accesos debido a la fuerte crecida de los arroyos.

Por caminos sinuosos

La prueba de comportamiento dinámico en ruta y las cualidades off road ya habían pasado la prueba. Pero quedaba el último periplo, quizás a esta altura el más importante. Desde su lanzamiento en 2010, la Amarok fue blanco de toda crítica respecto a su motor 2 litros. Unos aseveraban que no tenía la capacidad de remolque que un motor de 3 litros. Otros recriminaban que adoptarle dos turbocompresores en serie la hacían mecánicamente poco confiable. Con el paso del tiempo y las exigencias de los usuarios, Volkswagen realizó diversas modificaciones al dos litros, como ser un mejorado sistema de inyección, con bomba e inyectores de nueva manufactura, turbos de mayor presión, una tapa de cilindros completamente nueva, y la adopción de la transmisión más rápida entre todo el segmento de pick up mediana. Con esto se logró alcanzar los 180 caballos y casi 43 kgm de torque (40,8 en la manual) y una mejor respuesta en baja y en alta. Por estas razones, demostrar sus aptitudes en la altura, atravesando caminos sinuosos asfaltados y de ripio en plena sierra, subiendo, bajando, acelerando y frenando, no resultó ser una prueba más. Además, era algo que teníamos en mente para disfrutar aún más de las bondades de la transmisión. Luego de visitar el bellísimo e imponente Parque Nacional Sierras de las Quijadas, partimos rumbo a la turística ciudad de Villa de Merlo. Allí nos esperaban las sierras más altas de la zona, llegando al Mirador del Sol, en un día que amenazaba nuevamente con la lluvia. Pendientes de 40 grados de inclinación con curvas en declive a más de 2.200 metros sobre el nivel del mar era una exigente travesía. A medida que nos acercábamos al punto máximo, el apunamiento o mal agudo de montaña se hacía presente, pero la Amarok, a diferencia de otros autos del segmento B, seguía con su marcha firme, trepando las sierras en tercera marcha a 1.300 revoluciones, con picos de 1.600 cuando, sin obligación alguna, pasaba a cuarta y continuaba ascendiendo. La dirección también jugó un papel importante en esta etapa, ya que el radio de giro y la asistencia progresiva colaboraron en todo momento y en las curvas muy cerradas, donde casi los dos metros de ancho de la Amarok cabían justo en el carril.

Otra de las ventajas de esta pick up, al menos para nosotros, es el sistema de freno off road, que se comanda mediante una tecla ubicada a la izquierda de la palanca de cambios. Su función es frenar el vehículo en bajadas muy pronunciadas, reteniendo el cambio, como si de un freno motor se tratara. Muy efectivo.

Pasaron los días, la lluvia, el sol, las pruebas, la sección de fotos que se puede apreciar en estas páginas y, sobre todo, unos recuerdos imborrables. No quedaba más tiempo. La vuelta a casa era inminente. Y, sin desearlo y obligados por la rutina, emprendimos el viaje de vuelta. Sin embargo, no se trataba de regañar por reanudar la jornada laboral, de llegar a casa y bajar una cantidad de bártulos mayor a la que habíamos llevado (la copiloto quería adoptar hasta un zorrito gris del cual se hizo amiga…), ni de tener que salir de las sierras y caer inmersos en la gran ciudad. La verdadera queja era que al llegar había que bajarse de la Amarok…