El grupo motor de la SMX 250 en su totalidad luce una sobria tonalidad negra, al igual que el colector de escape, silenciador y su respectivo protector; mientras que el chasis doble cuna de acero y el horquillón están acabados en gris aluminio. El colín de diseño minimalista posee además de los giros, su faro principal de tecnología led, asegurando así un gran poder lumínico. Incorpora también una generosa parrilla portaequipaje. De aspecto muy robusto es el ya mencionado y exclusivo horquillón construido en aluminio que monta (no directamente) un monoshock regulable en la precarga del resorte. El freno está confiado a un disco lobulado mordido por una pinza de pistón simple.

Esta Gilera es muy, pero muy alta. Los 910 mm de distancia asiento-suelo harán que solo los más altos puedan pisar firmemente con ambos pies. Para los demás, un poco de pericia será suficiente para domarla en las detenciones. Los detalles y la calidad general de esta Gilera también se ven reflejados en el instrumental, con un display digital de fácil y rápida lectura. Ofrece velocidad, odómetro total y parcial e indicador de marcha engranada. Adeuda el medidor de nivel de combustible ya que solo ofrece un testigo de reserva. Como detalle, cuenta con la posibilidad de cambiar entre tres colores disponibles la retroiluminación del display. Acompañan los clásicos testigos luminosos y una muy útil toma USB para la carga del celu o gps durante el viaje.

Los comandos en las piñas son correctos, de calidad promedio y no presentaron problemas durante la prueba. Para los espejos, la marca eligió unos de forma pentagonal que ofrecen una visibilidad decente. La postura de conducción es descansada y la esperada en toda on-off: espalda erguida, bien adelantados, codos y rodillas a 90 grados. Un combo muy agradable para los desplazamientos diarios que solo se ve opacado por la falta de mullido del asiento y la elevada altura antes mencionada. Se desenvuelve de manera muy ágil en el denso tráfico urbano y como yapa podemos encarar pozos, lomos y cunetas sin peinar el freno gracias a las generosas suspensiones.

 

Serena

El motor es un monocilíndrico de 223 cc, 2 válvulas y refrigeración mixta aire/aceite. Los 17,7 CV que rinde se notan y empujan con decisión ante el primer llamado del puño derecho. De arranque rápido, el funcionamiento general es sereno y las vibraciones se hacen presentes en lo alto del cuentavueltas. La velocidad final está en torno a los 115 km/h, dependiendo del viento y de la talla del piloto. El dato de consumo no lo declara la marca, pero es de alrededor de 4 litros para recorrer el centenar de kilómetros, superando los 200 km de autonomía. Su caja de 6 velocidades y su corto escalonamiento ofrecen fuerza siempre y prestaciones acordes a las intenciones de la moto, con un comando de accionamiento corto y preciso.

La suspensión y sus componentes, aunque no ofrecen la posibilidad de regulaciones avanzadas, cumplen de manera más que loable en casi cualquier ámbito. Los largos recorridos de suspensión y su altura libre al suelo nos darán la posibilidad de enfrentar cualquier camino con solvencia, donde los límites los pondrán los neumáticos. Podemos afirmar que difícilmente hagan tope con el setting elegido por el fabricante. Tampoco acusa hundimiento excesivo de horquilla en frenadas acusadas. Con respecto a los frenos, el disco delantero responde correctamente brindando seguridad en todo momento. El trasero resultó igualmente efectivo y de fácil dosificación para el manejo off-road.

 

· En pocas palabras

Es para destacar en un producto de este origen el prolijo pase de cables y mangueras.

Es muy pero muy alta, los 910 mm de distancia asiento-suelo harán que solo los más altos puedan pisar firmemente con ambos pies.

 

· Lo más…

Estética lograda

Calidad general

Caja de 6 velocidades

 

· Lo menos…

Altura excesiva

Asiento poco mullido

Tanque de poca capacidad

 

· Datos complementarios

Fabricante Gilera Motors S.A.

Colores blanco, negro, rojo