Si hablamos de inyección electrónica en un 200 de origen asiático, es porque estamos ante un impulsor moderno y concebido bajo otros estándares de calidad. La ficha técnica anuncia: 198 cc, árbol de levas a la cabeza, refrigeración líquida y arranque eléctrico. Sus 16,8 CV a 8.500 rpm no la convierten en la más potente de su clase, pero la posicionan como una moto dócil y manejable para aquellos novatos que busquen un modelo con aptitudes turísticas y que además los lleve de acá para allá a diario a cambio de poco combustible. La entrega de potencia es progresiva, siendo lo alto del tacómetro donde debemos mantener las vueltas para encontrar su respuesta más contundente.

La calidad de los componentes utilizados se refleja, por ejemplo, en la inyección marca Delphi de origen americano. Las contenidas vibraciones también denotan un correcto balance de las piezas internas móviles. Por tratarse de una breve toma de contacto, no pudimos relevar de primera mano datos de consumo ni de velocidad máxima. En este aspecto y de manera muy alentadora, Zanella declara 4 litros de combustible para recorrer el centenar de kilómetros y una velocidad máxima de 140 km/h.

Las llantas de aleación de 17” en ambos ejes dejan en claro la preferencia netamente asfáltica del modelo. Con medidas 100/80 y 130/70 adelante y atrás, respectivamente, le hubiesen sentado mejor unos neumáticos con un dibujo más de asfalto ya que estos, de marca china CST, provocan bloqueos prematuros (sobre todo de la rueda trasera) en un sistema de frenos que no da lugar a la crítica. El disco lobulado de 300 mm con pinza de doble pistón adelante y de simple atrás trabajan muy bien en conjunto, siempre y cuando dosifiquemos teniendo en cuenta la tendencia al bloqueo que provocan los cauchos.

Por el lado de las suspensiones, monta una horquilla invertida con barras de 41 mm y un monoshock. El seteo de las mismas le confiere la holgura necesaria para afrontar cómodamente las irregularidades de nuestras calles en los traslados diarios y un aplomo decente que no desentona con las prestaciones máximas de esta GT. Los cambios de dirección se negocian fácilmente y son nuevamente sus neumáticos los que pondrán los límites a la hora de inclinar.

 

Compacta

Dadas sus cotas estamos ante una 200 que no presume más de lo que es. Los 790 mm de altura del asiento son una muy buena noticia para los de talla más baja, ya que no deberán hacer peripecias a la hora de montarse (sobre todo con baúl y alforjas instalados). Es así, una montura cómodamente apta para piloto y acompañante de talla baja o para solitarios de una talla mayor. Una vez sobre ella, podemos observar un adecuado instrumental 100% digital con tres opciones de retroiluminación.

Velocidad, revoluciones de motor, nivel de combustible, marcha engranada, hora y odómetro total/parcial son la data ofrecida por este display. Poniéndonos en exigentes, hubiese sido bueno contar con alguna información referente al consumo y la autonomía dadas las características turísticas del modelo. Un manillar ancho y de marcada curvatura es el responsable de recibir cómodamente y de manera muy natural los brazos, para de esta forma redondear una postura relajada que no causará fatiga prematura si el trayecto se alarga. Los comandos en las piñas son de calidad promedio, de buen funcionamiento y a los que solo se les puede pedir un interruptor de balizas. Los espejos ofrecen una correcta visión aunque unos brazos soporte más largos no les hubiesen venido mal pensando más que nada en viajes de a dos.