El segmento de las naked medias es uno de los más atractivos, ya que hablamos de motos con potencias y prestaciones capaces de hacernos divertir en un track day y con la polivalencia necesaria para trasladarnos de casa al trabajo a diario. Se podría decir que Kawasaki fue pionera en este segmento, no por haberlo inventado, sino por saber interpretarlo de una forma más racional y, queriendo o no, por anticipar el futuro.

Hace algo más de una década, cuando las otras japonesas explotaban las ventas con sus poderosas naked de 4 cilindros y 600 cc, derivadas de las supersports, la marca de Akashi indagaba en el segmento con una moto algo más modesta impulsada por un noble bicilíndrico. Años después y con la crisis instalada en el viejo continente, el segmento mutó a motos más económicas tanto en el valor de adquisición como de mantenimiento. Fue entonces cuando Kawasaki con su ER6N ya instalada relegó en las ventas a las costosas cuatro cilindros. Es así que hoy día podemos ver, incluso en nuestras calles, cómo esos rivales adecuaron sus naked a los tiempos que corren con motos mucho más accesibles, fáciles de conducir y con motores más amigables con el medio ambiente.

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Los años pasaron y la ER6n ya los acusaba, siendo necesaria una actualización. Esta actualización se fusiona con la saga Z para dar a luz a la atractiva Z650, una moto completamente nueva, pero en la que se puede percibir la esencia de su exitosa predecesora. El bicilíndrico en paralelo con cigüeñal calado a 180 grados es, sin duda, toda una seña de identidad. Convenientemente revisado y atendiendo a todas las experiencias recogidas con el correr de los años, mejora esos aspectos que no convencían demasiado y se alinea a la normativa Euro4 vigente.

En los números fríos pierde 4 CV respecto de la ER6n, pero los 68 CV son ahora muchos más aprovechables ya que ganó respuesta en bajos y medios en desmedro de una ligera merma en lo más alto del cuentavueltas. Esta ganancia percibida, sobre todo en medios, se da gracias a los trabajos realizados en la tapa de cilindros y los cuerpos de admisión.

Rápidamente percibimos un funcionamiento mucho más suave del twin, aunque no perdió del todo el típico “tirón” al abrir o cerrar gas y algunas vibraciones poco relevantes. Practicando un manejo más deportivo, la Z no defrauda y así lo pudimos palpar en el primer contacto con el modelo en el autódromo porteño. La velocidad final es de 190 km/h aproximadamente, con un tacto exquisito del comando de caja, tanto para subir como para bajar marchas.

Una de las novedades es el embrague con funciones de asistencia y deslizamiento, que reduce la fuerza necesaria para el accionamiento en la palanca (con regulación en distancia en cinco posiciones al igual que la de freno) y evita el bloqueo de la rueda trasera ante rebajes violentos. El bajo consumo de combustible es otra de sus virtudes, registrando en promedio unos 5 litros para recorrer los 100 kilómetros en uso mixto. Pero se pude mejorar aún más esa cifra si mantenemos el indicador “eco” encendido durante la conducción lo que permite alcanzar una autonomía cercana a los 300 km.